Españoles en la liberación
de París
Campos Elíseos, 26 de
agosto de 1944. El teniente valenciano Amado Granell al volante durante
la parada militar tras la liberación de París.
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El teniente burrianense
Amado Granell fue el primero, al mando de su compañía de
blindados, en alcanzar la capital francesa en el verano del 44
En el verano de 1944 el alto mando aliado encomendaba
a fuerzas francesas, la 2ª División Blindada del general Leclerc,
la liberación de París. El 24 de agosto por la tarde de hace
56 años, unos blindados con nombres como «Guadalajara»,
«Guernica» o «Teruel» llegaban al ayuntamiento
de la ciudad. Los republicanos españoles terminaban así con
52 meses de ocupación nazi. Entre aquellas tropas, también
hubo combatientes valencianos, como el teniente Granell, cuya compañía
blindada fue la primera en alcanzar París.
Francisco
Hernández Amorós - Valencia.
El 1 de septiembre de 1939, cinco meses después
de finalizada la Guerra Civil Española, Hitler invadía Polonia.
Francia y Gran Bretaña no tuvieron más remedio que declararle
la guerra. Se iniciaba así la segunda guerra mundial. El 12 de mayo
de 1940 las panzerdivisionen entraban en Francia; en tan sólo seis
semanas los alemanes desfilaban victoriosos por París. La cruz gamada
ondeaba en las Tullerías y en los principales edificios. Aquel que
fuera cabo durante la primera guerra mundial asistía el 22 de junio
a la firma del armisticio. Éste tuvo lugar en el mismo vagón
de ferrocarril en el que en 1918 se había sellado la derrota alemana.
La satisfacción del Führer no podía ser mayor.
De acuerdo con el armisticio, Francia quedaba
dividida en dos zonas. Al norte, la Francia ocupada estará bajo
el control absoluto de Hitler. Al Sur, con capital en la ciudad balneario
de Vichy, la Francia del general Petain con un régimen autoritario,
colaboracionista de los nazis. Mientras eso ocurría en Francia,
el 18 de junio de 1940, el general Charles De Gaulle lanzaba desde las
ondas de la BBC de Londres su mensaje de resistencia a la ciudadanía
francesa: «Francia ha perdido una batalla, pero no ha perdido la
guerra.» A esa tarea se pondrán miles de exiliados españoles.
En efecto, en otoño de 1939 el número
de españoles refugiados en Francia, huidos al finalizar la guerra
civil, se había reducido a la mitad: eran cerca de 250.000, la mayoría
de ellos malviviendo en campos de concentración en el sur de Francia
o, en un número mucho menor, en las colonias francesas del norte
de África. Muchos, con una experiencia de combate a sus espaldas,
cuando se inicie la segunda guerra mundial continuarán, ahora en
territorio francés, su lucha por la liberación.
Los españoles de «la nueve».
De entre los miles de republicanos españoles que combatieron con
los aliados, sólo unos pocos protagonizarán una de las más
emotivas páginas de la contienda: la liberación de París.
Serán varios cientos los que desde las colonias francesas del norte
de África acabarán formando parte de la 2ª División
Blindada comandada por el legendario Pierre de Hauteclocque, ese era su
verdadero nombre, más conocido como general Leclerc. El grueso de
sus miembros se había alistado en el Regimiento de Marcha del Chad,
en el tercer batallón. Su 9ª compañía era conocida
como la nueve por ser españoles la mayoría de sus miembros.
Al frente de ella estaba el capitán Dronne, a quien Leclerc asignó
el mando porque además de hablar español era capaz de imponer
su autoridad a unos hombres que, como él mismo señaló
en su diario de marcha, «inspiraban temor a cualquiera y nadie quería
tomar su mando».
Esas mismas tropas que tuvieron su bautismo de
fuego en el África colonial francesa se embarcaron en abril de 1944
rumbo a Inglaterra. Allí, tras un período de entrenamiento,
participarán en junio en el desembarco de tropas aliadas en las
playas de Normandía. El éxito del desembarco les permitió
avanzar hacia el interior de Francia.
Mientras tanto, la ciudad de París luchaba
por su libertad. Las acciones de la Resistencia se intensificaron durante
el verano del 44. Así, el 10 de agosto los ferroviarios se declararon
en huelga, a éstos les siguieron el personal del metro, correos
y finalmente la policía. En esas mismas fechas, Hitler destituía
al comandante en jefe del Gran París. El motivo, haber carecido
del rigor necesario para frenar las acciones de los resistentes. Le sustituirá
el general de infantería Dietrich von Choltitz. El Fürher sabía
lo que hacía: la dirección militar de la capital de Francia
recaía en manos de quien contaba entre sus méritos de guerra
haber acabado con toda resistencia primero en Rotterdam y después
en Sebastopol.
El 19 de agosto la dirección de las Fuerzas
Francesas del Interior, la Resistencia, convoca a la ciudad de París
a la insurrección. El 21 de agosto se levantan las primeras barricadas.
Definitivamente la ciudad se había sublevado contra el invasor:
se vivía una situación de guerrilla urbana con grupos de
resistentes atacando pequeños destacamentos de tropas alemanas,
muchos de ellos iniciando ya la retirada. El día 23 de agosto, a
las 10 de la mañana, Choltitz recibe un mensaje cifrado del alto
mando en el que se le ordena destruir la ciudad de París antes de
abandonarla. Esto suponía volar sus 45 puentes, acabar también
con sus principales industrias, edificios oficiales y su valioso patrimonio
artístico incluyendo la torre Eiffel.
«¿Arde París?», preguntaba
Hitler desde Berchtesgaden, su nido del águila en Baviera. Sólo
una pequeña parte del Grand Palais fue incendiada, el resto de edificios
permanecieron intactos pese a que los alemanes poseían los explosivos
necesarios y a que habían dispuesto baterías de 88 milímetros
en lugares estratégicos. Las dudas de Choltitz debieron ser terribles:
la guerra estaba perdida y sin embargo tenía que destruir aquella
bella ciudad. Pero no fueron sus vacilaciones sino la acción decidida
de la Resistencia la que impidió la destrucción de París.
El papel desempeñado por los republicanos españoles fue aquí
decisivo. Como señaló Charles Tillon, dirigente de la Resistencia
que posteriormente fue ministro del general De Gaulle, «más
de 4.000 españoles estaban en la Resistencia en París».
Muchos de ellos se encontraban participando en tareas de sabotaje en fábricas
y en medios de transporte o interceptando un buen número de camiones
que salían de la factoría de coches Panhard, lugar en el
que los alemanes almacenaban los explosivos.
«¡Resistid, ya llegamos!» Así
rezaban las octavillas lanzadas sobre la ciudad de la luz. El alto mando
aliado dirigido por el general Eisenhower, consciente de que la Resistencia
dispone de municiones sólo para unos días, ordena el 24 de
agosto que las tropas de la 2ª División Blindada partan hacia
París. El general Leclerc lanza una avanzadilla: la 9ª compañía
será la elegida. Un total de 120 hombres a bordo de 3 carros ligeros
Sherman y una veintena de blindados half-tracks con nombres como Guadalajara,
Teruel o Guernica ponen esa misma tarde rumbo a París. En la nueve
se encontraba el teniente Amado Granell de Burriana, brazo derecho del
capitán Dronne; Miguel Bernal, aragonés conocido como sargento
Garcés; Federico Moreno, madrileño; Montoya, andaluz; Campos,
canario; Domínguez, también valenciano... hasta un total
de 36 españoles. En su avance sobre París la compañía
se divide en dos, una comandada por Dronne y otra por Granell. Serán
los hombres de Granell los primeros en llegar a París.
París era una fiesta. A las 20.45 horas
los blindados mandados por el teniente Granell se encuentran a las puertas
de París. Tenían dificultades para avanzar por la ciudad
y es que aquella tarde una multitud se había lanzado a la calle:
aplaudía, cantaba La marsellesa, besaba y abrazaba a estos hombres
que les habían devuelto la libertad. Como dejó escrito el
mismo Granell: «Tuvimos que librarnos del afecto peligroso que el
pueblo de París nos exteriorizaba.» Casi una hora más
tarde llegaban al ayuntamiento de la ciudad donde les esperaban los líderes
de la Resistencia. Las campanas de Notre Dame y del resto de iglesias transmitían
la noticia: París era por fin liberada.
A la mañana siguiente entró el resto
de las fuerzas de la 2ª División Blindada con el general Leclerc
al frente. El 26 por la tarde, ante más de dos millones de parisinos
se inició en los Campos Elíseos la parada oficial de las
fuerzas de liberación. El general De Gaulle presidía el desfile
acompañado de sus generales y de los líderes de la Resistencia,
a la cabeza del mismo se situaron también los hombres de la novena
compañía. Éstos vivieron aquí su hora más
gloriosa y tuvieron tiempo para recordar la promesa que un día se
hicieron: París, Berlín, después Madrid. |